21-10-09
-------------
21-10-10
Desvelado y vestido metido adentro de una camisa a cuadros, la esperé en silencio hasta oir cómo cansada de subir y bajar escaleras tocaba la puerta.

Su espalda, la tersura de su piel al relajarse, su pelo suelto y sus manos buscando un lugar en donde hayan estado reposando las almohadas, siempre hizo que cada caricia, cada beso, cada pequeño beso sobre su cuerpo sea único y sin repeticiones... al menos hasta la próxima vez que suba y baje las escaleras.
Desvelado y desvestido metido adentro de una camisa a cuadros, acaricié su cuerpo hasta perderse y verse envuelta tan sólo por la luz de una vela, iluminando su pelo, sus manos, su piel, su cuerpo y las almohadas.

El aroma más fuerte, no provenía de ninguna losión para el cuerpo, de ninguna crema apta para embellecer las manos. Simplemente era el aroma de su piel. Boca abajo, tiesa y relajada a la vez, suspiraba al relajar cada músculo como si nunca lo hubiera hecho antes. Mis manos contra su espalda, comenzaron a dejar las primeras marcas de placer en su cuerpo. El aroma de su piel ya se había filtrado hacia mis manos, hacia mi pecho y hacia mis piés.
*
Le hice el amor.
Le hice el amor algunas veces más.
Le hice el amor algunas veces más.
Volvímos a hacer el amor.
*


Bajamos las escaleras y me di cuenta de que todos los días en los que ella se siente felíz, su aliento es el mismo que el de aquella vez en donde junté la fuerza suficiente para detenerla y robarle un beso como nunca nadie lo había hecho en su vida.
No dejó de relucir su sonrisa, no dejó de caminar al mismo paso que en aquellos días de incertidumbre y miedo a lo desconocido. Pero fué ella quién tomo el control de este Café Concert con Karaoke, en donde durante el día la comida es digna de disfrutarse junto al sonido envolvente que viene del lavadero, como la vida misma de un hogar, y por las tardes los paseos, las meriendas y las charlas se vuelven el fino Hilo Rojo que nos ata a seguir caminando y darnos la mano.
Por las noches, las persianas siempre se dejan a medio cerrar, las cortinas no dejan que nadie vea de que se trata aquel tímido sonido que le recuerda al mundo el tiempo que uno pierde cuando no deja toda su fuerza para amar a quien tiene al lado, y las luces no existen, se apagan, están ausentes porque lo mismo podemos hacer con nuestros ojos cerrados.
Respiro. Respiramos sólo cuando un árbol de hojas verdes y resplandor amarillo nos permite descansar debajo de su copa. Camino a la insolación, respiramos.
Fué un día como aquel en donde no podríamos haber dejado de caminar. Si lo hacíamos, íbamos a mostrarle al mundo que nos necesitábamos mucho tiempo atrás. En secreto. En secreto absoluto, vagando entre Plazas y caminos peatonales, sorteando personas, puestos de diarios y revistas, comida en la calle, girnaldas y un ruido ensordecedor propio de la ciudad.
Pero ese día pasó de largo en nuestras vidas, y por fin podemos sentarnos debajo de un árbol, sobre un pequeño banco de plaza, a hablarle a las hojas de color verde y a reirnos cerrando los ojos, de aquellos días en donde nos dedicábamos a gritar mientras caminábamos, por miedo a nunca ser escuchados.

Felíz Año Maruke.-*
El Hilo Rojo de mi muñeca, en tan solo un día, se hizo a si mismo unas treinta y dos vueltas para nunca intentar salirse de lugar, para mostrarme lo atada a mi cintura que vas a intentar quedarte para que yo no tropiece, o para que nunca me lleve el viento a otra parte.
♥ Te amo ♥
vf.-
No comments:
Post a Comment
*no interfieras mientras miro al sol*