Friday, November 28, 2025

Por algo...

Confieso un tornado voráz de inconformidad ante las cosas. Lo hice. No me arrepiento de expresar que al situarme sobre situaciones que no fueron mi pasado, todo me aqueja. Todo me molesta. Todo lo que de eso se desprenda es combustible para mis hemorragias de ira. Pensando y muy muy pensante, atenúo. Cerré los ojos. Intenté de una forma más simple encontrarme frente a eso que tanto tanto me irrita al escucharlo. Lo conseguí.
Descubrí que ya no puedo enfrentarme a recuerdos que no son míos, que no formaron ni van a formar parte de mí. Entendí que por más impotencia que me genere todo lo que alrededor de esos recuerdos no*mios, yo no soy nadie para cambiar la mente de los demás, aunque se muy bien como influir, no puedo seguir queriendo inventar la luz, la rueda, una excusa detrás de la otra. Tampoco tengo que seguir subrayando mis *esuerzos* para creerme el personaje principal de una novela de ficción. Ví en mi imaginación, sentado en un vagón de tren atestado de ladrones y moderadores de recuerdos, que cada persona tiene sus malos recuerdos. Ví también que al cruzar algún puente en penumbras, lleno de alpargatas baratas de colores caros pero al mismo tiempo sucios y desagradables, vi como me estaba afectando todo lo que me imaginaba.
¿Qué imaginaba? ¿Qué cosa qué?
Imaginaba los momentos en donde todos esos recuerdos que no son mios aparecieran justo en el mismo lugar en donde yo me sentía cómodo y contento. Aparecían de la nada, como si nada ocurriese al suceder, como si todo marchase como es debido porque debiera ser así. Seré el hombre joven más terco de todos, el más irritable de recuerdos ajenos a personas cercanas quizá, pero, ¿cómo evadirlos? ¿cómo desprenderse de recuerdos que golpean la puerta de uno y uno no tiene porque ir, sacar la llave detrás de la puerta, y abrir jalando el picaporte porque eso le enseñaron a hacer con todo lo que trae recuerdos? ¿cómo hacer todo eso?
Luego viene la impotencia. Luego se desata lo irritante de un todo. Antes imaginaba insectos que todo lo devoraban a su paso sobre mis piés en la cocina, hoy imagino un insecto grande y más voráz aún que solo está ahí, sentado. Como si todo marchara...
Decidi aunque no me lo crea, quedarme quieto. No abandonar. No abandonarme. Defenderme si es necesario, siendo mejor persona. Recibir. Ser más receptivo. Mi monstruo no descansa, no creo que algún día lo haga. Cualquier mujer que disfrute de sonreír con un hombre sobre su hombro al lo mejor sabe que es hermoso cuidar la vereda, la puerta, el picaporte, las llaves...debe saberlo. Necesito aprenderlo. Puedo cuidar mis llaves y ser tan tan pero tan terco para encerrar todo bajo llave... pero no dejaría de lastimar a quien quiero que pueda abrir esas puertas para crecer, para aceptar como yo demando a mi mismo en este momento. No debe ser así... tengo que poder dejar ser libre de recordar y abrir puertas a los de más.
Leía de muy chiquito que durante su formación a través de millones de años, a la luna la han golpeado muchisimos pedazos de otros planetas del sistema solar que hoy tenemos. En ningún lado leí que el mundo que tenemos quiera hablar de esas marcas que lleva la luna. Es lo mismo en los recuerdos. No los se manejar. Los mios, ya no existen. No recuerdo planetas pasados, sistemas solares entedos bombardeados por estrellas de alegría. Fueron fugaces. Invisibles. De ahí la impotencia a mi planeta. Planeta de sol...
Si me voy, me lastimo.
Si me quedo, me lastima.
Si me quedo inmovil, me lastima de nuevo.
Si no me quedo inmovil, me siento fingir.
La fuerza de un hombre, aprendí algunos recuerdos atrás, tiene un precioso límite. Y es hasta reventar de impotencia. De enervarse. De no saber hacia donde hay que mirar para cruzar la calle y que todo pase. Ahora mismo recuerdo a alguna persona vociferando hacia la calle y durante la noche "que quieren las mujeres" y entendí que algunas, cuales planetas, quieren belleza, otras simpleza, otras virtudes, otras paz, otras no quieren nada, otras se conforman con muy poco y otras hasta viajan a muchos sitios para averiguar que quieren de ellas mismas...
La ira de este hombre cansado ya de adueñarse sin querer de recuerdos ajenos a sus brazos, a sus piés, a sus ojos llenos de lágrimas por llorar bajo el rocío de la calle de las hormigas, la ira de este hombre tiene que descansar, tiene que dormir de una vez. Uno busca un planeta, se abraza. Se besa. Se quiere... se logra abrazar cada día más a un planeta. No es justo salir a pasear por el cinturón de estrellas y apostar a que no existan los planetas que, quizá por ingeniudad de la naturaleza propia, golpeen nuevamente a la luna y el sol no pueda defenderla. A lo mejor el sol no está listo todavía... por eso escribo. Porque no existió otra forma de entender si estoy listo para querer ser un astronauta de recuerdos no*mios. No quiero tenerlos conmigo. No quiero escucharlos. No quieo oirlos de otras personas. Me niego. Me niego.
Quiero olvidarlos. Quiero quitarme esos recuerdos que día random tras día random me aquejan, me degradan. Me hacen titilar los ojos de ira. Ya no hay fuerza. Hay dos manos para elevarlo y destruirlo todo si es necesario, a mi alrededor. No me voy a quedar quieto. No voy a dejar de respirar frente a esos recuerdos. No voy a hacerlo. Se lo que hago. Ya lo logré hacer antes. Criatura simple. Pero sin cómplices ni planetas cercanos... no me sirven al sentarme a darle dulces en la mano a la luna. Realmente mis ojos pueden mirar hacia otro lado sin hacer de las noches, algarabía. Realmente puedo hacerlo. Es una vuelta de mercurio con otros destellos de Júpiter. Solo eso...
Solo es una vuelta más.

Me hubiese gustado no saber más del cielo. Menos fuerza exigiría a esta mente ya cansada de entrecruzar cables en el recuerdo.

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*no interfieras mientras miro al sol*