El té de Vainilla no era tan malo, entonces seguí consumiendo el aroma de las vainillas hasta el cansancio, mientras hablaba de mi pasado y sus rupturas. Las que están escritas, ahí están, en esa bolsa. Las que no terminaron de resquebrajarme, ahí siguen de pié, sobrevolando todo a veces, poniendo los días nublados y mis dedos cada día más fríos al sentarme a trabajar detrás de este escritorio.
Mi escritorio hoy está repleto de cualquier cosa que sirva como portalápices. Supongo que en un tiempo más, Daiana traiga algún objeto para adornar el estudio. Por ahora algún artículo a modo de amuleto del destino me acompaña en la muñeca derecha, contra la pared y hasta cerca de una taza roja con cruces negras muy bonitas, que hace semanas también rompí sin querer mientras la llevé a lavar con mis propias manos.
Me volví más torpe que mientras me enamoraba. El amor me hizo esto. Entregarme sin demasías me hizo todo esto. Todo esto que está en mi cabeza.
Desaparecí por momentos, volví algunos días, como si de uno de esos reproductores Ram-dom se tratase.
Me acompaña por momentos una leyenda contra la ventana que anuncia el fin de los problemas del ser humano para el año 2014, de nuestra era. Pero el problema que yo entiendo es distinto, porque tengo muchas pero muchas ganas de adelantarme cinco años por encima de todos y lograr resolver algo por mi cuenta, sin la ayuda de nadie.
Más abajo, ya sobre el límite del vidrio, Asuka. O mejor dicho, *Asu-kun*, porque Daiana suele abrir las ventanas de colores y llamarme de esa manera.
Pensé en no volver a todo esto, pero de a poco fuí negándome.
Ya ví las películas, ya me tocó pasar frío y pasar muchos dolores de panza. La única diferencia entre mis colores y los grises de antaño, o mejor dicho, el pasado, es que yo todavía suelo pararme al lado de alguna mujer que aborde el Subte o el mismo Tren en el que suelo llevarme por completo, y soñar con encontrar alguien de quien cuidar. Alguien especial.
Ya no alcanzan las palabras, ni a un reconocido entusiasta escritor del país que sea le suelen alcanzar, menos a mí.
Mi pelo se mueve con el viento, algo que voy a insertar como una tarjeta de algún banco importante adentro de mi corazón para salir otra vez adelante. Pero adelante no quiere decir flotar a la deriva de algo o sobre alguien más.
No.
Yo no se flotar. Yo se hacer el amor al caminar de la mano, al dar un abrazo. El resto, es pura y exclusivamente la intimidad.
...y aunque suene a mentiras, mi corazón nunca se va a cansar de volver a empezar.
Nunca. Amo cada cosa que se cruza en colores rojos. Siempre lo amo. Siempre lo amé. Vá conmigo. Vuelve junto a mí y no va a escabullirze nunca pero nunca más.
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*no interfieras mientras miro al sol*