Me aseguré de sentirme bien y no lo estaba. Lo juro, no lo estaba. Cuando uno siente que tiene los pies sobre la tierra con una persona a su lado, cree que nada va comprometer a ninguna situación infelíz esos pies sobre la tierra. No es así. Volví a confiarme a una persona. Me creía carente con el paso de los años de ciertos momentos en mi vida que no habían pasado aún y en demasía, de algunas actitudes que debía tener para con los demás. Aparentemente, todo esto en mi cabeza sigue igual. Fuí y sigo siendo aquel chico alto, morocho, que usa ropa extraña y clásica, de colores no muy diversos, aucente de lo común entre los hombres, que no sabe cuanto de todo eso quiere cambiar. Realmente no lo se. No se si quiero estár cambiado. Me molesta encontrar celosía en mi camino, imaginar. La imaginación se me dispara en un grado espectacular si de abrazar y darle la mano a una persona se trata. Yo me pregunto, ¿cuál es mi forma verdadera?, porque no creo que la conozca, por más que sepa bien que y quién soy en este planeta, mi forma verdadera no la entiendo. No puedo verme. Antes podía, imaginando, pero estuve todo este tiempo reemplazando mi moción por otras actitudes. No es depender de otras personas no cambiar, es simplemente ese estado: llegué a un estado de simpleza aparente muy alto y no quiero estar tan alto. Hace meses largos, muchos meses que no me desvivo por resolver un diseño o encontrar interesante un viaje hacia algún lugar para inspirarme, para viajar, volver y volver con la mente repleta de ideas. Creo que estóy dejándome estar. No es el amor. No es la culpa de nadie, pero me gustaría levantarme uno de estos días y que mis ganas den una vuelta atrás. Porque tengo muchas ganas de amar y lo hago, amo a alquien. Amo un instrumento, amo su música. Amo pasear. Pero en mi soledad, fuí construyendo pequeñas puertas para abrirlas si me sentía atascado en mi sentir. No se que siento conmigo. Me olvidé de muchas cosas que me gustaba, pero mirando las paredes de mi estudio me doy cuenta de que esas cosas que me gustaba hacer las hacía por complacer a alguien que no lo merecía. Por eso me siento vacío. Porque no tiene que ver con a quien uno abraza. Tiene que ver con el momento del día en que uno se abrace. Ese momento siempre llega. Llega. Aparece en un control remoto o en un vaso de agua. Pero no pretendo quejarme. Porque esto es algo que tenía atascado en mi mente. No había viaje hacia el tedio que no pensara en esto.
Sin embargo sigo pensando cuán ingeniosos somos para creernos algunas mentiras. Mentiras de tiempo y espacio. Mentiras compartidas. La complicidad en lo que nos quieren decir pero que también da rienda suelta a la imaginación y así terminé escribiendo esto hoy.
No soy ya de escribir. No quiero. Pero es como todo, porque día a día, muy en el fondo, mentimos a nuestro cerebro y solo queremos llamarle la atención al otro. No importa el resultado, tarde o temprano nos sentamos en la vereda a hablar sobre como nos dijimos y nos escribimos las cosas. Esto ya lo viví. Pero en silencio planeo que no me supere. Solo dejo que todo pase al lado mío. Lo que surja de un viaje. Lo que quede. Solo que por favor corra al lado mío sin hacerme abrir los ojos para imaginar. Soy al revés por momentos.
Me costó horrores desprenderme de mis miedos. Todavía tengo algunos en verdad. ¿seré aquel hombre felíz de traje que corre bajo el sol?
No comments:
Post a Comment
*no interfieras mientras miro al sol*