Para mi, lo que llaman un dios, no existe.
Si existen, son pocos y vienen del cielo por orden de alguien más a traernos miserias, catástrofes, problemas de bolsillo y demases historias.
A continuación, la coincidencia, el no-perdón y la desdicha de amar que, dicho sea de paso, ya es tiempo de dejar en la estación en donde tiene que estar:
Te advertí que podría pasar.
Me advertí a mi mismo que conjeturas de este tamaño, me dejan solo, vacío y entristeciendo las noches sentado en un sillón sin poder dormir en mi propia cama. Cómo el mismo idiota que perseguía por años y años a una mujer que ya no se sabía si existía.
Me advertí a mi mismo que conjeturas de este tamaño, me dejan solo, vacío y entristeciendo las noches sentado en un sillón sin poder dormir en mi propia cama. Cómo el mismo idiota que perseguía por años y años a una mujer que ya no se sabía si existía.
Cómo el tonto capaz de jugar con los bordes filosos de las fundas de su almohada ensoñándose y repensando en la mujer que ya no lo quiere ni lo acepta.
El mismo inservible fanático del color rojo en el pelo.
El discípulo más primitivo de Veronika Fraisse.
Mi propio yo, con el pelo teñido bruscamente de rojo, para volver a viajar fuera del lugar en donde no tenía que quedarme parado por meses.
El verdadero idiota de la comedia, de las escenas con plantas de colores de Mainstays.
El perro labrador al que todos llaman para jugar un buen rato.
Artemisa de mentiras.
Todas juntas, ellas, no hacen una buena mentira.
Ni si quiera una predicable mentira para Velika Fraisse.
El mismo estúpido amante de las mujeres que no existen en la realidad de un "todos los días".
Subte.
Tren.
Y nunca el encuentro va a suceder.
Porque es estúpido.
Quien lo diría, si Asuka L. se fijase al pasar, Roa seguiría persiguéndome.
Mientras Arcueid baila con su cabello rubio por el campo, yo, en mi lugar, armo las dos mochilas en mi hombro.
Fuí otro estúpido más que se dejó llevar.
De nada sirve escuchar una mañana aparente, a la nada aparente. Porque es la nada.
Nada.
En envoltorios, no quiero pensar.

El voráz apetito de Vel-Fraisse, llega a su fin. Ya soy un hombre normal y felíz conmigo mismo.
Ya no más. Mar*, me pega lo directo.
Cuales manos por detrás del cuello hacia la cara y en acto de plena caricia, esta tarde, con las cartas sobre la mesa, el destino me dijo que fué lo que vió.
Vi una musa, vi una divisa de almohadones de colores como los que siempre tuve, vi un verano, vi un año que termina y vi una carta dada vuelta y oscura. La carta del presente.
También vi un avión colocando sus frenos de estacionamiento.-
Leandro T.
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*no interfieras mientras miro al sol*