Faltaba más, faltaba que vomite cualidades de otras mujeres, cosas que nunca quise tener. A veces me escribo en ensueños *After-Effects* si realmente ella sabe que soy de perdurar. Que soy de intervenir. ¿Lo sabe? ¿Cómo sabe esas cosas de mí?
Entonces, madrugada flotante, respondo al brillo que no me deja dormir y pienso.
El dibujo más certero, es este. Me dejaría otra vez en *salita azul* si un día nace de ella decirme que lo puede ver, que lo saborea como yo lo hago mientras duermo y sueño con poner la mesa al mediodía. No se anima. Yo se muy bien que no se anima a eso. Lo entiendo. Pasé por lo mismo. No volvemos en recuerdos abosoletos, cual película del futuro arruinada. No con Natalia.
Pero sí con Natalia. Sí a sentarse en la esquina a ver el sol tomar el tren solo.
Algo que me hunde es escucharla en menos belleza que otras mujeres, por demás, injustas y vagas de amar a un hombre. Me entristece mucho que junte letras y arme oraciones, a veces, sin sentido sobre esa compra-venta de imágenes.
El dibujo. Ella es ese dibujo.
Es hermosa...

Pero en el fondo de la jaula de su pájaro interior, sigue pensando en despertarse sola.
Y no me acosté a las cinco y media de la madrugada para subrayarle eso.
Escribi hacia atrás, lo que siento ganas de abrazar de ella...
Y está dormida como una mujer de veinte años, con una sola manta, sábanas y dos almohadas.
Pero sufre los tumultos de la estación como una nena de ocho.
Leandro Tomasoni.
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...y las cosas siguen encontrando otras cosas para explicar cosas como un "no voy a soltarte".
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*no interfieras mientras miro al sol*